martes, 16 de diciembre de 2014

¿De verdad puedes ser amigo de tu jefe?

La amistad con quien manda puede beneficiarte, pero también es un arma de doble filo que en algunos casos resulta tóxica, tanto para el empleado como para el superior. La ausencia de límites entre la esfera personal y la profesional tiene que ver con muchos de estos conflictos. 
 
Los amigos en el trabajo impulsan tu productividad y son el sustento de tu felicidad laboral. Numerosos estudios concluyen que tener un buen amigo en el puesto habitual incrementa la satisfacción profesional en un 50%.
 
Un "mejor amigo" en el trabajo te lleva a estar comprometido y enganchado en tu puesto. ¿Y el jefe? ¿Puedes llegar a ser amigo de quien te manda? 
 
Hay quien piensa que pasar el tiempo con el jefe es lo mejor que uno puede hacer en el entorno laboral, porque esto puede hacerte mucho más feliz y aumenta tu creatividad y, curiosamente, tu eficacia. Estudios como el de la consultora LeadershipIQ sostienen que más de seis horas semanales con un superior directo perjudican seriamente esos niveles de motivación y creatividad, y que el exceso de tiempo con el jefe se transforma en algo contraproducente.
 
Sin embargo, hay quien decide estar cerca de su jefe, pasar tiempo con él y formar parte del grupo selecto. La apuesta tiene ventajas, pero ser el favorito de quien manda también implica contrapartidas.
 
Curiosamente, suele ser más fácil convertir a tu superior en amigo que seguir siendo amigo de alguien que se convierte en jefe.
 
* Debes tener en cuenta que cuando un jefe se involucra excesivamente con las personas de su equipo pierde objetividad. La cercanía lleva a valorar más al que está cerca, en detrimento de personas más cualificadas, y la promoción profesional que resulta de todo esto no es propia de un buen mando, sino de alguien con hábitos de liderazgo mediocres.
 
* Si confundes una posible amistad con tu jefe con ser dócil e inofensivo, puede llevarte a estar en el grupo de confianza pero sólo por adoptar el rol de satisfacer a tu superior. Se trata de un trabajo duro. Preocuparse constantemente de agradar al jefe es una tarea muy complicada para la que no todo el mundo vale.
 
Todo esto tiene un nombre: ser una pelota. Y a largo plazo, esta actitud es un error que puede costarte caro.
 
Para empezar, sufrirás una transformación que te llevará a ser cada vez menos profesional. Pero lo peor es que el adulador que vive rodeado de decisiones inadecuadas e injusticias, y las consiente, termina siendo víctima de todo eso que tolera.
 
Tu "amistad" con un mal jefe puede ser tóxica, porque éste ni quiere, ni valora, ni respeta a quien le adula. Si es tu caso, debes prepararte para el hecho de que, cuando las cosas se pongan complicadas para quien manda, éste no dudará en abandonar la pelota a su suerte.
 
* Cuidado con la amistad con el jefe que te lleva a una socialización en el trabajo obligatoria, a la que accedes básicamente por no perder oportunidades de promoción. Esto es típico de aquellas organizaciones y superiores que provocan y fomentan una indefinición y confusión total entre tu esfera personal y la laboral. Y que pueden llegar a marginarte profesionalmente si no sigues las actividades y eventos extraordinarios que se imponen fuera del horario de trabajo.
 
Ese miedo a perder el puesto o a no prosperar en tu carrera puede llevarte a una "amistad" o relación tóxica con quien manda que es más bien resignación o sumisión. 
 
* En todo caso debes tener en cuenta que el hecho de que un jefe o una compañía puedan exigirte una dedicación las 24 horas. 
 
* Cuando la relación es una pesadilla...Si por el contrario le caes mal a tu jefe y no hay química entre vosotros, tienes un verdadero problema, y esa relación tóxica terminará por amargarte la vida, personal y profesional.
 
Ante la falta de sintonía y el conflicto permanente con un jefe que no te soporta, puedes fingir y comportarte lo mejor que puedas desde la falsedad, disimulando y haciendo lo que a tu superior le gusta.
 
También cabe resignarse y asumir la situación como si no pasara nada, sobreviviendo mientras encuentras otro trabajo o consigues cambiar de departamento.
 
Lo que no debes hacer es confundir la falta de sintonía con el hecho de tener un mando que te presiona constantemente y que se fija demasiado en ti, aunque esto te agobie. Un jefe que exige en exceso puede ser más positivo que negativo, aunque esto depende de hasta qué punto quieres promocionar en tu organización y de la tolerancia a la presión que tengas.
 
En todo caso, también puedes sacar algo positivo de un mal jefe y de una mala relación: la convivencia profesional con un mando que te resulta perjudicial potencia competencias como el propio riesgo de enfrentarte con ese jefe. Puede provocar también que tiendas a automotivarte; que te autorregules y tomes distancia emocional. En todo caso la relación profesional tóxica que te impone un mando provocará que termines yéndote. De lo contrario, tu talento quedará desaprovechado.